Los restos hallados del Paleolítico Superior confirman la presencia humana en estas tierras desde la más remota antigüedad, aunque puede que se asentaran en el estadio Inferior o Medio. Sin embargo, apenas existen indicios del Neolítico. Pero el hallazgo de una espada de bronce, fechada en el año 900 a. C., vuelve a dejar huella del paso de las primeras civilizaciones; en este caso, la de Tartessos.
Antes de la llegada de los romanos al sur de la península, ésta estaba habitada por un conglomerado de pueblos influenciado por diversas culturas, que darían lugar a una floreciente civilización ibérica cuyo paso a la civilización romana se manifiesta a través de las ruinas de Carissa Aurelia, situadas a unos 5 Km al oeste de Bornos. Fue un importante centro de población ibérica, con un nivel avanzado y una próspera economía, donde se han descubierto unos leones tallados en piedra, que eran colocados por las familias poderosas en los monumentos funerarios, cumpliendo una función simbólica de defensa del difunto.
Con el transcurso del tiempo, cuando la influencia romana se va extendiendo, Carissa se convierte en una importante "Cives romani". Se han encontrado numerosos restos arqueológicos y escultóricos de esta época romana, aunque la mayoría se hallan en colecciones particulares. Entre ellos, destacan fragmentos de inscripciones; una esculturilla de bronce de una Venus desnuda; dos esculturas femeninas de mármol que representan ninfas acuáticas; un busto de la diosa Ceres con restos de policromía; una cabeza femenina, actualmente expuesta en la Casa Consistorial; abundantes monedas y fragmentos de piezas de cerámica.
La última etapa de Carissa corresponde a la decadencia del poder imperial romano que trae como consecuencia la entrada de los invasores bárbaros y el establecimiento y permanencia visigoda hasta la llegada de los árabes. De este momento se han encontrado algunos restos arqueológicos, entre los que destaca una lápida que hace referencia a diversos santos y que en la actualidad se encuentra empotrada en la fachada de la Iglesia Parroquial. Con los árabes desaparece definitivamente Carissa y el pueblo comienza a asentarse en torno a una torre fortificada que sería más tarde el Castillo de Fontanar. El cultivo del campo experimenta un notable desarrollo gracias a la abundancia de agua que siempre tuvo la localidad y al gran conocimiento que los árabes poseían de diversos sistemas de riego, como acequias y norias. Bornos pasará por las distintas etapas de dominación islámica que sufrió la península hasta su debilitamiento. En el S. XII, los reinos cristianos del norte de la península realizaron su expansión, que culminó en 1.248 cuando Fernando III toma Sevilla y el territorio bornicho acababa también en manos Castellanas. La evolución señorial de Bornos arranca en 1.258 con la donación que hace Alfonso X "el Sabio" a Per del Castel por un Privilegio Rodado, como premio a los servicios prestados a la Corona. Sin embargo, los mudéjares se rebelan contra el rey, quien se ve obligado a reconquistar las tierras. Poco después vuelve a ser villa de realengo y en 1.304 el rey Fernando IV cede la plaza de Bornos, que por diferentes avatares históricos va pasando de unos señores a otros y destacados de la época hasta que finalmente en 1.398 el Adelantado Mayor de Andalucía, Per Afán de Ribera I, compra los derechos de este término y su castillo.
La sucesión dentro de la familia de Los Ribera planteó no pocos problemas, pero su linaje dejó una profunda huella en la historia y posesiones. A partir de la Reconquista se produce un gran cambio en la nobleza española. El guerrero por antonomasia se transforma en noble culto y moderno: mecenas de artistas, interesado por el arte y la cultura en sus más diversas manifestaciones, y en la historia de Bornos es representado por Fadrique Enríquez de Ribera. A su muerte le sucede en 1.539 su sobrino Pedro Enríquez de Ribera en honor del forjador de este linaje. Fue éste el primer duque de Alcalá de los Gazules en 1.558 por concesión de Felipe II. Tras la muerte de Pedro Enríquez de ribera, su familia emparenta con la de Medinaceli. De esta forma, la casa de los duques de Alcalá, anteriormente de los Adelantados Mayores de Andalucía, así como todos sus territorios y dominios pasaron a formar parte, a partir del primer cuarto del siglo XVII, de la Casa Ducal de Medinaceli; por ser ésta de mayor rango en la jerarquía española al descender en línea directa del rey Alfonso X "el Sabio", con derecho al trono. Desde entonces y hasta la supresión de los señoríos en le s. XIX, el de Bornos iría unido a esta casa nobiliaria.
En el S. XVII se llegaría a una profunda depresión económica y social, que comenzaría a principios de siglo con una gran epidemia de peste que afectó a los bornichos fuertemente. El 4 de julio de 1.649, día de San Laureano, cesó la epidemia, convirtiéndose dicho santo en el patrón actual del pueblo.
En el S. XVIII hubo también oleadas de epidemias aunque nunca de graves como las del siglo anterior. Poco a poco se introducen nuevos cultivos y se hacen mejoras administrativas. Fue éste un siglo de reconstrucción y prosperidad.
No obstante, el siglo XIX comienza en Bornos, al igual que en toda España, con una lucha destructora y sin cuartel contra el invasor francés: la Guerra de la Independencia. Los franceses se marcharon de Andalucía en 1.812, dejándola sumida en la miseria, pero al menos en paz.
El proceso de disolución del régimen señorial, aprobado por las Cortes de Cádiz, culminaba en 1.837 con una nueva ley. El paso de tierras señoriales a propiedad privada originó una larga serie de pleitos. Una vez resueltos, los nobles se convirtieron en los mayores propietarios agrícolas. Estos cambios no trajeron ninguna ventaja para la vida de los campesinos, ya que la nobleza compraba las tierras para confirmar un prestigio social y no para mejorar su sistema de producción. Asímismo, las tierras de propiedad eclesiástica sufren un proceso semejante. La desamortización del ministro liberal Mendizábal y la extinción de las órdenes religiosas, tienen como resultado el abandono de los conventos de San Jerónimo y San Francisco, que comienzan a deteriorarse. A medida que avanza el siglo gana auge el movimiento obrero. Se suceden los disturbios y en noviembre de 1.872 fue incendiada la Casa Consistorial por un grupo de exaltados y los incidentes registrados durante la I República condujeron a la declaración de Bornos como Cantón Independiente.
El s. XX comienza en plena crisis y agitación obrera. La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) traerá mejoras en infraestructuras y, tras la República, la Guerra Civil (1936-1939) deparó a los bornichos el sufrimiento por los rigores y estrecheces de la Posguerra. En los años 50, el Instituto Nacional de Colonización adopta diversas medidas para mejorar las explotaciones agrarias de la zona, que culminan con la construcción de todo un poblado de colonos en la finca Coto de Bornos. Aumenta la población, pero en los años 60 son muchos los que emigran para buscar su sustento. |